El estadio Universitario Alberto “Chivo” Córdoba es conocido por ser la casa de los Potros Salvajes de la Universidad Autónoma del Estado de México y, además, por tener una envestidura galantísima, como solo una verdadera obra de arte le puede brindar a un recinto. La pintura monumental Aratmósfera del consagrado artista mexiquense Leopoldo Flores se encuentra -en parte- sobre la gradería de sol del estadio, visible sólo cuando esta sección está vacía. La obra le ha dado el reconocimiento no solo local sino también internacional, ya que es considerado de los estadios más originales del mundo, y hasta ha sido votado en encuestas, como la que realizó el portal www.20minutos.com, como el más original de todos, por encima de otros en Singapur, Alemania, Qatar, Portugal, Corea del Norte y el mismísimo “nido de pájaro” en Pekín.

Aratmósfera se ha convertido en un símbolo de identidad dentro de la comunidad de la Universidad Autónoma del Estado de México, y también lo es de la localidad en general. Su realización solo pudo ser posible gracias a la participación de la ciudadanía, los cuales ayudaron a traerla al mundo donando materiales y mano de obra en un proyecto que duró 4 años de realización y que costó -poco más, poco menos- 3 millones de pesos en aquel entonces. Asociaciones de tablajeros, carniceros, peluqueros, bomberos y distintos oficios más, en conjunto con la comunidad universitaria, brindaron el apoyo más sustancial en lo que serían jornadas largas y continuas de trabajo. En la historia regularmente los poderosos son los mecenas de los artistas, en este caso fue el pueblo quien asumió ese papel.

“Si hoy en día nos invitaran a realizar esta obra, y nos pidieran dedicarle toda la semana, de cinco de la mañana a las 12 del medio día, incluidos sábados y domingos, durante cuatro años, soportar el fuerte calor, la lluvia y el frío, las duras jornadas de limpieza y el peligro para aplicar la pintura sobre la superficie rocosa colgados de una cuerda en una altura de 30 metros y, por si fuera poco, conseguir 3 millones de pesos para la compra de materiales, quizá lo dudaríamos y, posiblemente, terminaríamos por no acetar el reto”, reflexiona Ricardo Hernández López en  la crónica El Mural de Coatepec: a 40 años de la primera pincelada.

Pintar la gradería del estadio requería de un trabajo inmenso, para el cual convocaron a los pobladores de la ciudad a “una jornada por el arte” y el domingo 28 de mayo de 1976 llegaron en apoyo más de 900 personas de distintas edades y distintos estratos sociales, se lograron pintar 1800 metros cuadrados en un solo día. Se realizaron más convocatorias en el futuro, pero esa fue a la que reunió a más cantidad de la población. El estadio ha tenido ya 3 restauraciones a través del tiempo y se ha convertido en un ícono indiscutible de la ciudad, aunque se percibe el olvido de que, aquella vez, la comunidad se unió para plasmar una visión artística de grandes magnitudes, acto que es el ejemplo claro de que la unión hace la fuerza y que el desarrollo y el embellecimiento de la sociedad estan en las manos de sus pobladores.

La visión artística del maestro Leopoldo Flores siempre estuvo vinculada en sacar el arte de las galerías y los espacios eruditos, para que formara parte de la vida cotidiana de los ciudadanos, intervenir el espacio público era su pasión y regalarle belleza al pueblo su misión de vida. Aunque tuvo la oportunidad de tener una formación profesional y exponer sus obras en el extranjero, Leopoldo Flores siempre conservó el imaginario de su arte en sus orígenes nacionales y locales, haciendo de Toluca una ciudad bella con su obra latiendo en las paredes y fachadas de los edificios públicos más emblemáticos de la ciudad.

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